Se requiere contar con materiales de calidad para lograr un uso razonable de recursos.
El cambio del modelo productivo lineal a uno circular, propuesto por la Fundación Ellen MacArthur, busca generar “un marco de soluciones sistémicas que hacen frente a desafíos globales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, los residuos y la contaminación”.
En ese marco, la actividad del reciclaje, como parte del ciclo técnico de soluciones, ha tenido un papel relevante en el país, al reducir la contaminación ambiental por residuos y evitar anualmente la disposición de más de dos millones de toneladas en los rellenos sanitarios. A ello se suma la generación de valor compartido para los actores de su cadena productiva, resaltando el reconocimiento al papel de los recicladores de oficio en la recuperación de material aprovechable y el apoyo de las empresas transformadoras a los procesos de regularización de sus organizaciones.
El reciente impulso para virar hacia un modelo de economía circular hace parecer al reciclaje como una actividad nueva en el país. Nada más distante de la verdad, pues mucho antes de que se pensara en desarrollar un marco normativo para la gestión integral de residuos, como el cierre de botaderos a cielo abierto para implementar rellenos sanitarios, las políticas de producción y consumo sostenible o la incorporación del principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), las empresas transformadoras y los gestores de residuos han venido desarrollado por cerca de noventa años un sistema de logística inversa de amplia cobertura del territorio nacional para la recuperación de residuos aprovechables.
Este sistema inició con la chatarra al final de los años treinta y una década después incluyó al cartón; posteriormente, en los años sesenta, unió al papel, mientras que el vidrio se sumó en los ochenta, y desde los noventa diferentes tipos de plástico se han ido incorporando a la cadena de valor del reciclaje.
El Comité de Reciclaje de la ANDI es el espacio de construcción técnica en el cual las empresas transformadoras de materiales aprovechables impulsan un modelo de recolección eficiente y de amplia cobertura en el territorio nacional, a través de acciones para incrementar las cantidades de material recolectadas, promover la separación en la fuente, definir estándares de calidad, a la vez que buscan tener injerencia en el desarrollo de un marco normativo que privilegie el reciclaje sobre la disposición, y propenda por el desarrollo de la cadena de valor, incluyendo el desarrollo de proveedores, las acciones afirmativas en favor de los recicladores de oficio y sus organizaciones, y el aumento de las capacidades de transformación a nivel industrial.
En ese sentido, el comité ha aportado en la construcción del marco normativo que implementó el esquema de aprovechamiento del servicio de aseo y el de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para envases y empaques; también ha tenido injerencia en la construcción de diferentes planes de gestión de residuos en la cuidad de Bogotá; aportó su experiencia y conocimiento técnico en el ejercicio piloto que llevó a la creación del Programa Visión Circular y lideró la construcción –en conjunto con Visión Circular y el Grupo Retorna– de la guía de separación en la fuente “Así separas, cuidas y construyes un mundo mejor”.
En 2024 las empresas transformadoras del Comité de Reciclaje de la ANDI aprovecharon más de 2,3 millones de toneladas de residuos de chatarra, cartón, papel, plástico y vidrio, cantidad que iguala al volumen de residuos dispuestos en el mismo año por la ciudad de Bogotá en el relleno sanitario Doña Juana. La transformación de estas toneladas se dio gracias a la participación de más de 74.000 recicladores de oficio, 2.500 bodegas de reciclaje, así como la de un importante grupo de empresas gestoras de residuos y grandes generadores de la industria y el comercio. La inversión sostenible de las empresas del comité para el mismo periodo alcanzó USD 2,5 millones para generar valor económico, al apoyar el proceso de regularización de las organizaciones de recicladores y el incremento de la eficiencia operativa en gestión de residuos y valor social, así como la búsqueda de mejora en las condiciones de alimentación, salud, vivienda, educación y recreación de los recicladores y sus familias, y valor ambiental, al garantizar la reincorporación de los residuos al ciclo productivo.
Los cambios en patrones de consumo generados con posterioridad a la implementación de medidas de restricción para evitar el contagio del COVID-19, los impactos de la geopolítica internacional y la sobreoferta mundial de algunos commodities han impactado la cantidad, la fuente de generación y la calidad de los residuos reciclables en el país.
En respuesta a dichos cambios, y con la finalidad de mejorar la calidad de los residuos que llegan a las empresas transformadoras, el comité ha actualizado su Cartilla de calidades de materiales reciclables, publicada en 2014. En la versión 2025 de esta publicación, dirigida a un amplio grupo de gestores de residuos, se simplifica la presentación de los criterios de calidad necesarios para que los residuos puedan ser reciclados, a la vez que se incorporan criterios para materiales de reciente desarrollo técnico para su aprovechamiento, como los vasos o platos de cartulina poliboard o plásticos flexibles.
Los criterios de calidad para los materiales reciclables son estándares establecidos por la industria mundial del reciclaje, con el fin de contar con materia prima homogénea y con altas condiciones de pureza acordes con las necesidades de producción, ya que la presencia de agentes contaminantes puede llevar a deteriorar la maquinaria usada en el proceso de transformación o cambiar las características de producto terminado. Estos criterios de calidad aplican para cada una de las categorías establecidas por tipo de residuos y han sido ajustados al contexto nacional, al responder a las tecnologías y capacidades de producción existentes e incluir los nombres comerciales o coloquiales con los que se les conoce en el mercado.
La calidad de los materiales parte de una buena separación en la fuente de los residuos. Es importante mantenerla a lo largo de todo el proceso de recolección y clasificación que realizan los gestores, para evitar la inclusión de materiales contaminantes, lo cual iría en detrimento de conservar su valor.
En el caso del papel, la reducción en la generación por cuenta del auge de la digitalización de procesos ha impactado la calidad de este material, debido al incremento de mezclas en la categoría de archivo (papel bond blanco de oficina) con fibra mecánica como la usada en los periódicos o revistas, y de fibra sin blanquear. A esta falta de homogeneidad en el tipo de fibra se suma la presencia de otros materiales no fibrosos. Por otra parte, el control de la humedad es uno de los grandes retos durante la temporada de lluvias para el cartón, teniendo en cuenta que exceder el límite de humedad no solo incrementa artificialmente el peso de la paca de cartón, sino que también cambia las características de la mezcla de agua y sustancias químicas requeridas para la preparación de la pulpa, que será la base para la elaboración del papel en el molino papelero.
La calidad de los residuos de envases de cartón para bebidas se ve impactada por los restos de alimentos o bebidas dejados en su interior, los cuales generan vectores que dificultan su comercialización. A su vez, la práctica de mezclarlos en las pacas de cartón corrugado limita el aprovechamiento al componente de cartón, dejando material cesante con posibilidad de aprovechamiento, y en los molinos papeleros se genera una mayor cantidad de residuos ajenos al proceso por su contenido de plástico y metal.
Para vidrio y pet un reto importante de calidad es la separación por colores, ya que su mezcla puede generar productos con características de calidad inaceptable para el cliente, mientras que para los plásticos, el mayor desafío parte del ecodiseño, con el fin de evitar que las mezclas diferentes de plástico en un residuo multimaterial impidan su aprovechamiento por la imposibilidad de reciclarlo, al estar mezclados o generar costos adicionales al requerir un proceso separación más detallado de materiales en las etapas de alistamiento y clasificación. En la chatarra, la mayor recomendación se centra en evitar la mezcla de diferentes tipos de metales y evitar la inclusión de metales con alto grado de oxidación.
El éxito de la transición hacia una economía circular no se mide únicamente por el aumento en las tasas de reciclaje, sino por la capacidad de mantener el valor de los materiales en el sistema, a través de conservar la pureza y las propiedades de los materiales para ser usados como materia prima secundaria, que compite en condiciones de igualdad con las fuentes vírgenes; y es aquí donde la Cartilla de Calidad de Materiales Reciclables se vuelve estratégica, al convertirse en la herramienta que presenta, de manera simplificada, y provee a los gestores de residuos los lineamientos sobre los grados de calidad requeridos, el estado adecuado del material y la identificación de elementos no deseados que no deben ser incluidos.
Esta cartilla se ha socializado con recicladores de oficio, bodegueros, empresas gestoras de residuos y grandes generadores de residuos de diferentes regiones del país. Su lanzamiento ha estado acompañado de una estrategia de difusión en redes sociales, con piezas aún más simplificadas en las que se señalan los principales retos de calidad de cada material; además está disponible en la página de la ANDI para consulta por los diferentes grupos de interés.
El camino a seguir para alcanzar un mayor aprovechamiento de materiales en este modelo circular requiere de la acción coordinada entre los actores de la cadena de valor, en el que los gestores de residuos asumen el rol protagónico de recuperar, recolectar, transportar, clasificar y pesar materiales aprovechables de mayor calidad. De ahí que el futuro del reciclaje ya no se tratará solo de reciclar más, sino de realizar un reciclaje de calidad, que permitirá que los residuos sean una fuente de insumos disponibles, que harán posible contar con recursos para las futuras generaciones.